ENTREVISTA A CARLOS VERA EN REVISTA VANGUARDIA

Posted on August 29, 2010

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‘No es Correa o el vacío sino Correa o el desastre’

¿El pedido de revocatoria del mandato al Presidente ha sido concertado con los opositores con los cuales se ha venido reuniendo?

No, porque si lo hacía nunca comenzaba. Ya tengo experiencias en tratar de poner de acuerdo a personas. Lo hice para el comunicado en el caso de Emilio Palacio y nunca lo logramos, y era sólo entre periodistas, y en otro intento para un frente de unidad nacional, y era sólo entre opositores. Lo importante es empezar el camino, sabiendo que encontraremos coincidencias básicas.

¿Qué le hace suponer que no hubiera podido concertar con ellos?

Porque de lo que ya medí, unos decían que no era el momento y coincidían con el mecanismo. Otros no coincidían con el mecanismo y pensaban que era momento de hacer otra cosa. Otros hablaron de que primero había que revocar el mandato a la Asamblea. Me quedé esperando a que cada uno impulse su tesis, que estaba dispuesto a apoyar y ninguno la concretó. Todos apuestan a algo sólo si salen ganando. Yo apuesto a algo sabiendo que si nos va mal, soy el único perdedor.

Algunos piensan que está midiendo sus posibilidades presidenciales y que, gane o pierda, el único ganador será usted.

Buen chiste. Esto no es un plebiscito, esto es una medida de la madurez de los ecuatorianos respecto a un mecanismo inédito en el país que nos permite evitar, a tiempo, que se instale un modelo que ha probado ser desastroso. Segundo, he dicho hasta la saciedad, y a veces hasta la suciedad, que apoyo un candidato, un candidato único, cuando llegue el momento de postularlo y que si es el adecuado, como en el caso de Nebot, cuenta conmigo y que si no lo es, como en el caso de Gutiérrez, no me voy a oponer. ¿Quién ha hecho una declaración así entre los opositores?

El caso es que jugar a que el Presidente se vaya es poner a los electores ante un dilema: su continuidad o el vacío.

No es ningún vacío. La Constitución dice quien viene después de él es Lenin Moreno, y casi tres años después, habría elecciones.

Pero Lenin Moreno es del equipo del presidente Correa.

Pero no es la cabeza del pulpo.

Es el mismo proyecto.

No, el proyecto es Correa y eso se ha probado. Todo aquel que no coincida con él, está fuera. Por algún fenómeno social, difícil de explicar, pero que tenemos que admitir, hay una sola persona que gobierna, piensa, ejecuta, sentencia, perdona, administra, dirige, legisla, regula, reprime, encarcela… Es Correa. Es como Chávez. Acabado Chávez, ¿quién es su sucesor? ¿Qué estructura ha creado para que esto sea realmente un pensamiento ideológico y no una torcedura personal?

Eso refuerza, entonces, el dilema: Rafael Correa o el vacío.

No, Correa o el desastre… Ido él, frenamos la instalación y la implementación completa del modelo. Y sí será una obligación a futuro de los opositores —porque no hay oposición todavía y me incluyo— plantear una alternativa, crear un imaginario y ojalá sea una tarea colectiva. Sin embargo, me anticipo a pensar que después de ganar la revocatoria, en cinco cosas básicas podemos coincidir, independientemente de las etiquetas, las posiciones personales o las rivalidades.

Primero la revocatoria y luego la alternativa. Le van a decir que es un irresponsable. sable por querer utilizar un mecanismo constitucional cuando no tiene todavía la fórmula de cambio.

Excluyéndome yo, hay varias alternativas: Jaime Nebot, Guillermo Lasso, Fabricio Correa, Alberto Acosta, Lourdes Tibán, Auki Tituaña, Lucio Gutiérrez. ¿Quién dijo que no hay alternativa?

Las hay sin equipos y sobre todo sin un imaginario que permita contrarrestar al de la revolución ciudadana.

Ellos están en el imaginario. Otra cosa es que no tengan la decisión o no lo crean oportuno. Y podemos discrepar con los imaginarios y con los equipos también, pero no es cierto que el vacío sea total. Otra cosa es que ninguno genere unanimidad o el que la genera no la quiera provocar. Pero no estamos borrados en el Ecuador.

Lo cierto es que su salida parece audaz en algunos círculos de la oposición, pero no realista políticamente.

Primero, los respeto; segundo, los entiendo; tercero, me sirven mucho las reservas que algunos pública y privadamente me han expuesto; cuarto, sé y aspiro a que muchos cambien en el camino, y quinto, la alternativa, a mi juicio, existe en dos o tres casos. Otra cosa es que no sea perfecta o no sea ideal. Pero sí creo que cualquiera de las dos o tres es mejor que Correa.

Lucio Gutiérrez, que está entre sus alternativas, ya respondió que Rafael Correa debe terminar su mandato.

Es increíble. Cuando disponemos por primera vez en el país de un mecanismo legítimo constitucional y democrático, para que no termine el mandato por golpe sino por operación constitucional, justo alguien defiende que termine lo que va a terminar con el país.

Jaime Nebot, que es su alternativa mayor, ha dicho que no le interesa la Presidencia de la República.

Una cosa es que no le interese la Presidencia de la República, y otra que a alguien no le interese ser candidato a la Presidencia de la República… te hago notar la sutileza de las palabras. Lo lamento pero no descarto que, a futuro, pueda cambiar de opinión. Los políticos mientras más dicen que no, más es que sí. Déjame aclararte algo: esta no es mi salida. Está en la Constitución. La pusieron los asambleístas en Montecristi. Y ahora es la salida que mucha gente me pide y me increpa de no haberla hecho. Muchos me preguntan ¿qué se hizo usted? ¿Dónde está? ¿Por qué tiene miedo, por qué está escondido? ¿Qué pasó con las firmas? La gente no conoce bien cómo funciona este nuevo mecanismo. Esta salida responde a lo que mucha gente me ha pedido y ya van a ver cómo se adhieren. Recoger las firmas es más complicado que sumar los votos, ya lo verás.

¿No está tomando sus deseos por realidades? Usted ha vuelto a las encuestas de carne y hueso y ahora hay un dilema: o las encuestas de Correa mienten o las suyas son meramente emocionales.

Las mismas encuestas que te dicen que Correa tiene 65,70% de popularidad, no entienden por qué la gente protesta en el mismo margen de cosas atribuibles a él: la inseguridad, la delincuencia, la corrupción, la carestía de vida… etc. En el momento que quede claro que aquello es producto de la mala política del Ejecutivo, el asunto termina. Segundo no miden la opinión vergonzante. Hay por lo menos 20% que no dice la verdad sobre el gobierno o que responde al revés porque sabe que lo van a perseguir, desconfía del encuestador, sabe que después le cae el SRI, un juicio o un insulto. La gente sabe que hay un sistema represivo sutil en marcha y ni loca le dirá la verdad al encuestador que no conoce.

Si eso es así, ¿por qué le darán a usted el nombre y el número de cédula verdaderos y su firma?

La gente valiente, que no tiene nada que perder, o no tiene rabo de paja está sobre todo en los sectores medios y bajos. De ahí va a provenir la mayoría de firmas. Hay gente que pide firmar, incluso en sectores altos, a pesar de que la puedan identificar. Hay gente que fue a mis concentraciones y dijo míreme bien señor Correa y se sacó las gafas y sabía que la Tv la estaba grabando. Ecuador no es un país de cobardes.

¿Ha hecho el escenario de que en tres meses no recoja las firmas?

Sí.

¿Qué hará en ese caso?

Nos tomamos más tiempo. Y si en seis meses no lo vemos viable, que sería lo máximo, damos explicaciones a la gente. O decimos que lo hicimos mal.

Si hasta ahora el Presidente ha estado bañado en teflón, las cifras de popularidad lo favorecen y la oposición no ha crecido, ¿qué le hace pensar que en tres meses va a juntar dos millones de personas que quisieran sacar a Correa?

Sin descartar a sus líderes, por primera vez la alianza va a ser con los ciudadanos. Y eso me ha pedido mucha gente. Que no me rodee de nadie conocido, de nadie probado por valioso que sea. Mucha gente se ha molestado porque hubo dos o tres figuras conocidas, para mí válidas de la política que me acompañaron al CNE, y que yo pedí que vayan, porque me han ayudado mucho en las movilizaciones, y son gente muy valiente. Segundo, creo que hay más indignación que miedo en el Ecuador. Tercero, se estaba esperando que alguien dé un paso, active un resorte para exteriorizar, canalizar y materializar todo ese descontento.

Este es su primer reto político real. ¿Cómo lo asume al margen que logre recoger o no las firmas?

Tengo claro que me toca abrir el camino y que eso no me asegura continuar en el sendero y mucho menos ser quien llegue primero. He hablado con mis hijos y les he dicho que si ese es mi destino, así será. Lo dije desde mi primer discurso en Guayaquil: si ahora me toca ser locomotora para luego ser vagón, lo acepto. Creo que el Ecuador está cometiendo el gran error: esperar demasiado con cualquier pretexto. Los actores políticos calculan demasiado o pretenden que sólo si ganan, entran a jugar. Aquí hay que empezar aunque el riesgo y el costo personal sean altos.

¿Ha pensado que de este proceso de revocatoria, el Presidente pudiera salir ratificado mayoritariamente?

Lo que ayuda a ratificarlo es seguir muerto de miedo, esperar demasiado, desconocer que él vive en la plataforma electoral. No lo voy a subir a la tarima, él ya está. Lo que pasa es que no tiene contendores. Lo fortalece que no haya gente que critica sistemáticamente, que descubre los negociados, que desvirtúa la obra fabulosa que dice que hay. Y en el evento que esto lo fortalezca, también ahí hay un aprendizaje: la oposición tuvo la valentía de subirse al ring porque todos viven esperando el momento en que lo vean grogui para hacerlo. ¿Y cómo va a estarlo si nadie lo enfrenta? Bonita pelea, él solito hace fintas en el ring, boxea con su sombra y los demás acá, viendo cuándo se pueden subir. He dicho que sólo pensar en la revocatoria es una victoria, empezar a recoger las firmas es una victoria, ir a una campaña en tan grandes desventajas es una victoria. Y ganar a Correa es una enorme responsabilidad.