¿UN INSULTO EN JUEGO?

Posted on April 6, 2010

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No. Un principio: el de la libertad de expresión. Cuando la ejerce Correa hay conformidad. Y hasta aplausos de los simpatizantes presentes y los forzados a concurrir también. Cuando llamó “matón de barrio” a Nebot, éste respondió pero no lo enjuició. Cuando Emilio Palacio describe así una actitud de Camilo Samán, Correa lo exhorta a enjuiciarlo. Y Samán, por supuesto obedece. Lo complace. Hasta allí, explicable. Que el Presidente de la CFN recién entonces haya creído que su honor fue mancillado ante la presión del patrón, es legítimo. Que solo Correa lo haya convencido que es calumnia lo que apenas era crítica y ataque, se entiende. Pero que la justicia le otorgue la razón, repugna. Porque la palabra respondió a su acepción castiza. Porque Emilio Palacio no habló de disposición arbitraria de fondos de la CFN, lo cual podría tomarse como acusación de peculado. Y porque en Guayaquil, es público y notorio que la solvencia del Sr. Samán se recuperó pocos meses después del ejercicio de un cargo público cuyo sueldo no da para esos niveles de vida. Cuando Correa llama a la banca –a toda- corrupta, nadie se rasga las vestiduras. Pocas personas en el pasado salieron a cerrarle el paso: Rodrigo Paz, Guillermo Lasso y Abelardo Pachano, entre los que recuerdo. Es que el cobarde insulta en general para que si alguien se da por aludido lo atribuya a la conciencia o condición de esa persona, y se excuse en que no la mencionó. Y cuando a mi me llamó desde loco peligroso hasta corrupto y delincuente, me honró; no me deshonró. Es un honor que un individuo así a uno lo agravie, no sustente prueba alguna ni sea capaz de formalizar una acusación con las evidencias que dice tener (mi “yate” es un bote de 5 x 2 sin motor, abandonado en un patio). No es entonces que Emilio Palacio insultó a Camilo Samán. No es que yo he insultado a Correa: jamás le he llamado lo que no me consta… maricón, ladrón, bruto, vago. Pero sí traidor, cobarde, lenguaraz, hipócrita, tirano, dictadorzuelo, ignorante, con el soporte a cada calificativo en cada situación. Y a él. No al gobierno en general. A él. Y con mi letra, mi voz y mi cara. No por medio de otros. Con fundamento y con pena. Y luego, con desprecio, en el legítimo derecho de mi libertad de expresión. Correa califica a sus adversarios como se le antoja -en su legítimo derecho también- pero además los acusa de delitos inexistentes o no probados. O los descalifica por cuestiones que evidentemente no son ciertas: ¿inepto, Gustavo Noboa? No. Tampoco es premio Nobel de Literatura pero mucho menos inepto; y así… No nos confundamos entonces. Emilio Palacio no insultó a Camilo Samán; él tiene derecho a considerar lo contrario y enjuiciarlo. Pero la justicia le da la razón porque Correa ejerce públicamente de abogado acusador de Palacio y abogado defensor de Pesántez, el Fiscal General de la Nación. ¿Hay justicia en un país así? Obviamente no. Hay persecución. Emilio Palacio es un perseguido político por opinar lo que hace a Rafael Correa compararse con Juan Montalvo para definirse él mismo como un gran insultador. La gente libre y no dogmática se da cuenta y despierta. La otra, se envenena y regocija. El fin de su régimen tiránico empieza…