¿CORREA SE MODERA?

Posted on February 8, 2010

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Si vieron la cadena del sábado 6 de febrero, comprobarán que Correa se refiere esta vez a sus enemigos, contradictores u opositores con menos virulencia y agravios.  Varias veces citó al Alcalde de Guayaquil como “abogado Nebot”  ¡Qué progreso!  ¡Qué esfuerzo!  Pero en realidad, ¡qué ficción!  Si el cambio fuera creíble, consistente, verdadero, habría que felicitarlo.  Es momentáneo. Coyuntural.  Hábil.  Indicador de su decadencia como expositor y del hartazgo incluso de sus partidarios porque  acude al denuesto antes que al argumento.  Ya sucedió antes con los indígenas. Para recordar solo un ejemplo: les mostró apertura y tolerancia en el diálogo con decenas de ellos congregados en Carondelet,   mientras miles más esperaban  afuera. Al día siguiente –no pasaron 24 horas- los ninguneó.  Y en la cadena siguiente, los ridiculizó y atacó.

Es que no es un problema de estilo presidencial, como algunos creen.  Es un tema de concepción del poder: él se cree jefe de todos los poderes del Estado.  Jefe. Así, textual. Con esa palabra.  Este sábado salió con que es Mandatario, y se halla obligado a obedecernos a nosotros, los mandantes. Esos somos todos, quienes votamos por él y por  otras opciones (en  2006 voté por León Roldós en la 1era vuelta y por Correa, en la 2da; en 2009, por Martha Roldós).

Quienes votaron por él son sus partidarios, simpatizantes o militantes, pero no solo a ellos se debe:  cuando reclamamos por seguridad para nuestras vidas, lo hacemos desde ambas vertientes y debe atendernos por igual.  Si los opositores demandamos cambios, debe sustentar su negativa y no descalificar a sus emisarios, pues aún de alguien que erró, fracasó o incluso delinquió en el pasado  (no es mi caso) pueden provenir propuestas válidas y no es suficiente decir que son minoría y no ganaron las elecciones, sino que no tienen razón.  Y demostrarlo.  Así procede un estadista.  Así debe proceder. Él no es un ciudadano cualquiera. Pero no entiende  que le está vedado lo que a otros le está permitido y facultado lo que solo a él le es posible.  Ese es el privilegio y la condena de un Jefe de Estado.

Pero como no lo entiende, se justifica en su proceder con un hombre que según él le hizo una mala seña en Machala, arguyendo que también es un ser humano y tiene un límite su tolerancia. Lo dijo en la cadena del sábado. ¡Barato pretexto!  Si quiere proceder como cualquiera, no sea “Presidente”.  Y si es Presidente, entienda que no puede proceder como cualquiera.  Pero su concepción de la democracia y el poder –totalitaria y vertical- evidenciada reiteradamente en sus acciones e ideas de gobierno, se lo impiden.  Agrava el asunto su demostrado trastorno mental  que cada vez trasluce más. Y se desata por la carencia de controles eficaces en un sistema sin equilibrio e independencia de poderes, lo cual alienta a proceder como si éste régimen fuera eterno y tuviera siempre la razón.

Es todo eso a la vez y cada uno de esos factores por separado.  Así que, ¡cuidado con tragarse ruedas de molino!  La moderación de Correa es recurso para aplacar el rechazo, no discurso para poner en práctica.

(Imagen tomada de evomoralesaima.blogspot.com)

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